IES Hipatia en Dublín

El pasado martes 24/01/23, a las 14.30, los alumnos y alumnas de primero de bachillerato y dos
profesoras, Pepa y Manuela, emprendemos el viaje hacia Dublín (Irlanda). Con la diferencia de
una hora (como en las islas Canarias), llegamos a la ciudad de Dublín a las 19.55. Nos espera
Jim (guía y responsable de nuestro grupo) y nos acompaña en el autobús escolar al lugar de
encuentro con las familias irlandesas que acogen a nuestro alumnado. Cada alumno y las
profesoras reciben una tarjeta de viaje, llamada “leap card” con la cual pueden viajar en
autobús, tranvía y tren de cercanías las veces que quieran durante la semana de su estancia.
Todo el alumnado, dividido en grupos de dos y tres se va a sus respectivas casas de acogida
con sus nuevas familias (¡qué miedo!) ya de noche, con frío y una gran incertidumbre por lo
desconocido.

 

Miércoles 25/01/23, a las nueve de la mañana, como si nada, el alumnado llega de sus “casas”
a la escuela, dominando ya las líneas de los “double-deckers” como unos verdaderos viajeros
experimentados, gracias a su conocimiento de internet, google maps etc. Por supuesto, me
superan en velocidad y manejo de las nuevas tecnologías, no me quejo, todo lo contrario, me
alegro de que les den un buen uso.
Salimos a dar un paseo por la ciudad, acompañados por Liam y Jane, estudiantes que también
trabajan como guías en su ciudad natal. El paseo no ha estado nada mal, sin contar el frio y la
norma de ir de dos en dos por las calles, dejando espacio para que los peatones puedan pasar
sin tener que adentrarnos por la carretera. Sinceramente, nos costaba bastante, no porque no
quisiéramos hacerlo, sino porque teníamos tanto de qué hablar unos con otros, tan temprano
por la mañana, que se nos olvidaba seguir en una línea y así estuvimos hasta el último día del
viaje. Y allí entro yo, pegando voces “¡Pegaros a la pared, por favor!” ; esto les resultó muy
simpático e hicieron un excelente tik-tok para tenerlo de recuerdo.
Desde el “Dublin Spire” (monumento de la luz, 120 metros de altura), Trinity College, estatuas
de James Joyce, Molly Malone, Oscar Wilde, monumento O’Connell hasta el castillo de Dublin,
hicimos, como dice Jim entre 20.000 y 25.000 pasos. El mismo día también estuvimos en el
Museo de historia y artes decorativas.

Por la tarde tocaban clases en la escuela “International House”, los profesores irlandeses
dividieron a nuestro alumnado en dos grupos, unos en el aula de la primera planta y otros en
la planta baja. Los mezclaron por sexos, por los distintos niveles de conocimiento de inglés y
hasta el último día se trabajaron Speaking & Listening principalmente. De hecho, los alumnos
recibieron también un diploma con su titulación, y, aunque no es acreditado, ni le puede servir
en España oficialmente, representa un bonito recuerdo por haber estado en la escuela.

Todas las mañanas salíamos de excursión, así que el jueves 26/01/23 nos fuimos al museo de
Dublinia y a continuación a la iglesia de Cristo. Fue un viaje al pasado, por un lado, a la época
de los vikingos y, por otro, al de los comerciantes ricos del Medievo. Hicimos numerosas fotos
junto a las recreaciones de las personas de la época y las escenas cotidianas, todo a tamaño
natural, algunas incluso nos asustaron, escribimos con piedras las “runas” (parece que están
otra vez de moda, como en mis años de adolescencia) y nos mostraron mayormente las curiosidades de entonces, como un peine para limpiar la melena de los vikingos de los piojos,
la recreación de un retrete, que cuando pasabas junto a él hasta daba mal olor, utilizado por
un señor, o un gato, que fue lo más bonito de la casa medieval.
Después del almuerzo los chicos asistieron a sus clases, como siempre desde las dos hasta las
cinco de la tarde. Al salir de clase, a las profesoras nos contaban lo que habían trabajado y se
iban a dar una vuelta por la ciudad antes de volver a las casas asignadas. Alguna que otra tarde
no dejaron pasar la oportunidad de comer en MC Donald’s o en el “Subway” su
hamburguesería favorita.

 

 

 

 

 

Llegó el viernes 27/01/23 y con él la visita al Museo de Naturaleza, al Museo Nacional y de
Arqueología. Las profesoras de la escuela, Daira y Cristina nos acompañaban como guías y
llevaban preguntas preparadas para que los alumnos respondieran, trabajando en grupos de
dos o tres.Después de almorzar los chicos se fueron a sus respectivas clases.

El sábado 28/01/23 estaba prevista la visita a una granja donde conocimos a Michael, un
pastor y adiestrador de perros de la raza Collie (Border Collie). Aunque la mañana no prometía
(en realidad ninguna prometía por el frio que hacía), puedo confirmar que todos disfrutamos
muchísimo durante la exhibición de Maggie (la collie), que obedecía a los diferentes tipos de
silbidos de Michael, dirigiendo las ovejas a la izquierda o derecha hacia el pastor, rodeando la
manada y trayéndola a salvo en cuestión de minutos. Al final de la mañana, la guinda del pastel
fue un corderito recién nacido que acariciamos casi todos y luego se lo devolvimos a su
madreee. Hay chicos urbanos a los que no les va este tipo de animal, comprensibleee.
Luego nos montamos en el autobús en dirección al Monasterio medieval de Glendalough.
Entre las montañas y los glaciales (la niebla espesa nos arruinó las vistas), el valle de
Glendalough esconde la historia del santo Kevin.
Esa tarde volvimos a Dublin sobre las cuatro y cada uno decidió pasarlo a su manera; algunos
chicos se fueron al parque Phoenix, uno de los mayores parques del mundo, maravillados con
la manada de ciervos. Otros tomaron la ruta de la playa. Les recordaba las bonitas playas de
Santander, la verdad que tenía buena pinta, según el video que enviaron, rocas, mar oleado,
cielo gris, vamos, una maravilla.

 

 

El Domingo 29/01/23 fue el día que más descansamos, pudimos dormir un ratito más de lo
usual, porque nos despertábamos normalmente entre las 6.30 y 7.00 todos los días para poder
llegar puntualmente a las excursiones.
Nos reunimos al mediodía para visitar la biblioteca de Chester Beatty. Está cerca del castillo de
Dublín y es un lugar acondicionado para varios acontecimientos, exposiciones de arte, temas
religiosos, conciertos. En la segunda planta estaba el rincón chino donde participamos en la
creación de nuestros propios colgantes usando el arroz como principal ingrediente. Una
chulada!!!
Después del fallido intento de comer todos juntos (23 en una pizzería que cobra propinas por
cada seis personas), a regañadientes nos separamos y fuimos grupito a grupito, cada uno por su cuenta, con la desagradable ventisca de la tarde. Al volver a casa, Pepe olvidó la mochila en
el double-decker, llamó a la estación de autobuses, encontró de nuevo el mismo autobús con
el mismo conductor que ya había hecho una vuelta entera y, por increíble que suene, encontró
su mochila intacta, allí donde la había dejado. ¡¡¡Que suerte!!!

Nuestro penúltimo día del viaje fue reservado para el pueblo de Howth, en la playa irlandesa a
la cual llegamos en el tren de cercanías. Honestamente, junto al frío, el vientazo y el sol que se
quedó en Sevilla, no pintaba nada bien. Sin embargo, los chicos se lo tomaron como un reto
físico, subiendo y bajando las rocas de la playa, subiendo la cuesta hasta el pico del pueblo y,
como no, con tanta agilidad subiendo el último tramo del sendero (allí nos plantamos muchos)
para gozar de las vistas salvajes e impresionantes. Jim premió a los cuatro más valientes con un
dulce donut. ¡¡Que suerte la de ellos!!

 

Esa tarde los chicos dieron sus clases en la escuela, recogieron sus trabajos y diplomas y se
despidieron de sus profesores. A partir de este momento se dividieron en grupos, unos se
fueron a comprar regalitos, otros a comer, mientras Ana, Estela, Gema, Celia e Inés se
apuntaron a un Tour por los lugares “místicos” de la ciudad de Dublín. Spooky!!!
Como todo lo que empieza tiene su fin, el martes 31/01/23 fue el día de vuelta a España. Nos
reunimos a las nueve largas de la mañana y a las 9.50 salimos para el aeropuerto de Dublin.
Íbamos bien, excepto un par de contratiempos (por ejemplo se me cayó el DNI al chequear la
maleta, fue Pepe quien lo encontró) pasamos por la puerta y pacientemente esperamos
nuestro vuelo. Hasta nos dio tiempo de comer en Burger King y grabar otro tik-tok.
Todo fue tal como se esperaba y llegamos a las puertas del IES Hipatia a las 18:30 del mismo
día. ¿Contentos? Al preguntar a los chicos qué les pareció la experiencia, las respuestas eran,
“por supuesto que sí, creo que podía estar aquí una semana más”, otros echaban de menos un
buen puchero, algunos dijeron que una semana era suficiente.

En conclusión, la experiencias son siempre únicas, al igual que las formas de apreciarlas, solo
queda decir que las profesoras estuvimos encantadas con el alumnado, creemos que viajes
como este no se les olvidarán nunca y que seguro se llevan algo útil y educativo del conjunto
en sí. ¡¡Cuando quieran, lo repetimos!!

Muchas gracias,

Pepa y Manuela.